Por primera vez una semana...
Confieso que no sé desde cuando no tenía una semana sin prisas, ni agobio, sin la premura que suponen los viajes, las idas y venidas de esta profesión, o mejor, de este oficio.
Desde hace mucho no tenía una semana para “nada” y me ha servido para saber que la nada no me atrae, no me nutre. Prefiero las prisas y los viajes , las estaciones, la gente, las esperas que tienen siempre la certeza de un encuentro, una sorpresa, la inestimable ilusión que provoca la duda.
Hoy es domingo y nunca tuve tantas ganas del martes, día en que vuelvo al camino o a los caminos porque, sin miedo a equivocarme, aseguro que quien tiene el privilegio de vivir de las palabras ( vivir del cuento) tiene anclada en el alma la urgencia de las fugas, los retornos, los viajes, los encuentros.
Desde hace mucho no tenía una semana para “nada” y me ha servido para saber que la nada no me atrae, no me nutre. Prefiero las prisas y los viajes , las estaciones, la gente, las esperas que tienen siempre la certeza de un encuentro, una sorpresa, la inestimable ilusión que provoca la duda.
Hoy es domingo y nunca tuve tantas ganas del martes, día en que vuelvo al camino o a los caminos porque, sin miedo a equivocarme, aseguro que quien tiene el privilegio de vivir de las palabras ( vivir del cuento) tiene anclada en el alma la urgencia de las fugas, los retornos, los viajes, los encuentros.
