COMO TE LO CUENTO

Blog del cuentero Aldo Méndez: palabras, narraciones, viajes, contactos...

domingo, mayo 07, 2006

noche de cuentos, alas y raíces...

Éramos pocos, los justos..¡Y yo que había decido dejarle la noche al sueño, la nada y el silencio!
¿Cuál será el hilo que ata cuenteros tan dispares más allá de ser auténticos?¿En qué se sustenta la magia que hace coincidir las urbanas historias de Domingo Chinchilla, los cuentos populares de Vicent Cortés, las historias tradicionales africanas de Boniface Ofogo y la africanía que en Cuba se hizo poesía y se sublima en la voz de Coralia Rodríguez?
Yo no tengo palabras, de hecho hasta la voz la tengo rota, sólo tengo caminos que se tejen y destejen de Camerún a Cuba, de Cuba al País Valenciano ( lo digo más que nada por el soniquete de su lengua) y de cada uno de estos rincones, a mí mismo, a todas la ciudades que me pueblan y habito.
Caminos, inenarrables caminos de colores, palabras, sonidos, magia, esa magia que algunos llaman interculturalidad y que nace de lo más simple: la necesidad del hombre de compartir y juntarse; como se juntan lo real y lo mágico siempre que se alimeten de la autenticidad de quien asume el riesgo de mezclar sus raíces o batir sus alas en cualquier sitio que sirve de sustento a otras raíces y de espacio al batir de otras alas .

la primera noche de un torrente...de cuentos

Debí ser la cuarta pata de ese gato que se lanzaría a conquistar los tejados de una noche de cuentos en Torrente, una noche que intentaba fundar caminos para las palabras. Yo debí contar, pero otro gato arañaba mi garganta para robar mi voz robándome la suerte de fundar; pero abriéndome a la suerte de escuchar buenos cuenteros.
Carles Cano; comedido, certero, entrañable en ese saber estar que desvela una seguridad sin artificios.
Ana Ballester; dulcísima, precisa, recogiendo el testigo con la habilidad que desarrollan la maña y el oficio.
Rubén Martínez, generoso en el gesto, hábil, con esa maestría que tiene para dimensionar el cuento con sus manos, sus rostros y esos efectos sonoros con que adorna la trama.
A medida que avanzaba la noche me alegré del silencio obligado. Pude ser oreja y asistir, casi desde el anonimato, a la suerte de ver como nace de la nada una noche inolvidable en las que las palabras tejieron ese otro camino que va más allá del instante y entronca, inevitablemente con la raíz del recuerdo.

algo de lo poco que pude hablar en Torrente

En todos los cuenteros hay una esencia común, unas ganas un miedo y hasta una ilusión y luego... la apariencia delata a cada quien sus entresijos, sus miedos, sus luces y sus sombras. La única verdad es el cuento, nosotros (cuenteros) somos el medio, el vehículo que éste escoge (aunque parezca lo contrario) para llegar a la oreja que es dónde, definitivamente, la historia vive y se multiplica.
Poniéndome del lado de la oreja es donde descubro que lo que queda, más que el propio cuento, es la palabra, esa que, por consabida, se atraviesa como una puñalada, o la que es nueva y desconcierta, o esa tan vieja que se antoja como recién estrenada.
Cada palabra es un pretexto para que el cuento llegue a su destino, más o menos arropado, más o menos definido. A ese suspiro del final, a la carcajada, al aplauso, a la sonrisa o al silencio porque hay cuentos “burbujas” con los que el corazón se suelta y vuela, tanto vuela que la cabeza es incapaz de ordenar a la mano un aplauso por miedo, tal vez, que al batir las alas pueda perderse en un viaje sin regreso.
Hay quien se lanza a la deriva sin tener claro que más que un medio, es un estilo de vida, un juego peligroso que te atrapa y te atrapa y al atraparte ciega o deslumbra, que es lo mismo desde perspectivas diferentes.
Más que su voz el cuentero es palabra porque cada palabra le nace al cuentero desde lugares diferentes, aunque la tradición y el estereotipo pretenden marcar con hierro un lugar a cada cosa, el amor de cada quién está en un sitio distinto, así como el odio, la rabia, los celos, el olvido, el recuero.
Y Dios dijo: “Hágase la luz y la luz se hizo”. La palabra fue antes, sólo nombrándolo pudo Dios alumbrar el mundo, entonces ¿Fue el mundo el primer cuento?
A estas alturas, la palabra es como un candil pequeño, pequeñísimo que se atreve a alumbrar caminos de apariencia trillada para encontrar huellas perdidas en la vorágine absurda de las prisas.
La fascinación del cuento está en la palabra desatada, pájaro que parece perderse en el abismo del silencio; pero que no se aparta de la estela que dejan el narrador y el oyente en la comunión de sus memorias.
El cuento vive más allá del instante en que es contado porque como campana se queda temblando la palabra evocadora de esa energía común que es el recuerdo.

Manantiales en Torrente

Para que un torrente pase con la majestuosidad que sugiere su nombre es imprescindible un manantial que lo nutra.
Así, manantial limpio y fresco, nace le Festival de internacional del cuento de Torrente, en Valencia. Una experiencia acunada y mimada largamente que ha germinado a tiempo y aunque los amantes de la grandilocuencia puedan calificarlo de pequeño ha llegado a sitios donde la palabra tiene campo fecundo para echar raíces y crecer con voz propias.
UN TORRENT DE CUENTOS es agua que brota y que, brotando, crece. Los cuenteros, los cuentos, las palabras inundaron este lugar del mundo y han quedado fundado manantiales que poco a poco irán creciendo ríos para que el próximo Torrente de Cuentos inunde inevitablemente los lugares donde las ausencias convocan al silencio, al olvido. Todo manantial es fecundo, de ahí que me voy sin voz, pero con la certeza de que habrá muchas más primaveras en las que lloverán cuentos y palabras y crecerán orejas ansiosas de historias y otras voces que eternicen un TORRENTE INEVITABLE y que no cese.

La palabra es fiesta en Alcalá de Henares...

Más acá de Cervantes, Alcalá de Henares es un lugar de cuentos, lo gritan en silencios sus rincones, sus calles y su gente, a pesar del tumulto que convoca las prisas.
Los responsables “afectivos” de este encuentro son los entrañables miembros de Légolas. Ellos son el complemento imprescindible para que esta ciudad se rinda a los cuentos que foráneos traemos conducidos por la mano precisa de quien sabe el valor que tiene realizar un sueño.
Hubo palabras imprescindibles todo el rato y hubo ojos y orejas y aliados en cada rincón, en cada plaza (siempre que el cuento es nuevo la plaza es diferente). Tantas ganas de cuentos que la primera noche los cuentos sonaron a dos voces y al unísono en dos rincones de un mismo lugar donde acudía amares la gente que buscaba el calor y el color de las palabras.
Una suerte, una gozada, un privilegio a pesar de mi garganta rota, a pesar del que el lujo del cuento solo vive un instante..¿o no? Definitivamente más acá de Cervantes están Alcalá de Henares, Légolas y todo aquel que dedicó un instante a escuchar, compartir y guardarse palabras hasta que lleguen en avalancha los cuentos y los cuenteros a inundar la ciudad y sus rincones..